Cuando el mercado en general entiende la situación mediante dos narrativas extremas, «bloqueo» o «libre circulación», el último informe de Citrini Research, un instituto de investigación de Nueva York, intenta romper ese marco de simplificación excesiva. Citrini Research envió a un analista con el alias interno «Analyst #3», partiendo desde Nueva York, pasando por Dubái y el puerto petrolero de Fujairah, para finalmente entrar en la península de Musandam, en el norte de Omán, y tratar de ingresar en aguas del Estrecho de manera real.
Mediante una inspección en campo de altísimo riesgo, incluso casi temeraria, la institución llegó a una conclusión clave: el Estrecho de Ormuz no está completamente bloqueado, sino que está siendo re«definido y gestionado» por Irán.
Citrini envía el 007 del mundo analítico para adentrarse en el Estrecho de Ormuz
Este informe ha generado atención en el mercado no solo porque sus conclusiones van en contra de las expectativas predominantes, sino también por su enfoque de investigación: en lugar de depender de imágenes satelitales o información de segunda mano, envía directamente a un analista a observar en la primera línea del frente en zona de conflicto.
El informe señala que, tras las acciones militares de Estados Unidos e Israel contra Irán a finales de febrero, Irán ciertamente ha tomado medidas de represalia contra el Estrecho de Ormuz. Sin embargo, esta vía clave que transporta aproximadamente una quinta parte del petróleo y del gas natural licuado global, no ha quedado paralizada completamente como esperaba el público, sino que ha entrado en un nuevo orden de paso selectivo.
Para aclarar la situación real, Citrini Research envió a un analista con el alias interno «Analyst #3», partiendo desde Nueva York, pasando por Dubái y el puerto petrolero de Fujairah, para finalmente entrar en la península de Musandam, en el norte de Omán, y tratar de ingresar de forma real en las aguas del estrecho.
Según la descripción, el analista llevaba un equipo de grabación y filmación, una caja de efectivo, una bolsa de cigarros, cannabis y un dispositivo de localización de emergencia. En el lugar, contrató temporalmente barcos para salir al mar usando efectivo, e incluso se acercó a las aguas iraníes sin GPS. En un entorno con drones merodeando y lanchas patrulleras de la Guardia Revolucionaria iraní con actividad frecuente, completó la tarea de observación; finalmente, en una ocasión, unidades de la guardia costera lo interceptaron y retuvieron los dispositivos.
Aunque la operación estuvo cargada de riesgo, esta investigación en campo proporcionó información clave de primera mano. El informe indica que Irán ya ha establecido un sistema de gestión naviera en la zona de la Isla Qeshm y la Isla Larak. Todos los buques que quieran atravesar el estrecho deben presentar, a través de intermediarios, información detallada, incluida la trayectoria del armador, el contenido de la carga y los datos de la tripulación, además de pagar una determinada tarifa.
Los buques autorizados para el tránsito obtendrán un código de autorización; algunos incluso recibirán escolta. Los que no cumplan los requisitos deberán esperar en alta mar. Esto significa que el estrecho no está cerrado, sino que se ha transformado en un mecanismo de tránsito altamente regulado y selectivo.
Conclusión del informe: Irán quiere convertir el Estrecho de Ormuz en el Canal de Suez
Citrini Research considera que el objetivo estratégico de Irán no es cortar el suministro energético global, sino establecer soberanía material y cartas de negociación mediante el control de las rutas. Este modelo es similar al sistema de gestión que Turquía aplica desde hace mucho tiempo en el Estrecho del Bósforo, o a los mecanismos de cobro y de paso del Canal de Suez. De hecho, funcionarios iraníes ya han declarado públicamente a finales de marzo que planean crear un nuevo sistema de gestión del estrecho, exigiendo que todos los buques soliciten permisos y paguen tarifas.
El informe también revela un fenómeno clave: mientras Estados Unidos mantiene presión militar, varios países importadores de energía, incluidos Japón, Francia y Grecia, han elegido coordinarse con Irán en distintos grados para asegurar que los petroleros puedan seguir transitando. Esto hace que el estrecho forme un estado especial de «coexistencia de guerra y comercio»: el conflicto no bloquea el flujo, sino que reconfigura las reglas del flujo.
Para el mercado, el impacto de este estado es mucho más complejo que un simple bloqueo. El informe señala que, aunque no se interrumpa completamente el transporte, las tarifas de flete aún podrían mantenerse en niveles altos, y la incertidumbre sobre el suministro energético persistirá a largo plazo. Al mismo tiempo, ya han comenzado a aparecer ajustes en la estructura naviera, como una disminución de los súper petroleros, y un aumento de la proporción de buques de tamaño pequeño/mediano y de buques de gas natural licuado.
Citrini Research enfatiza que, si el estrecho se bloqueara realmente por completo, los inventarios energéticos globales se agotarían rápidamente, provocando un impacto catastrófico en la economía. Precisamente por eso, la mayoría de los países eligen buscar un compromiso entre la realidad y el riesgo, en lugar de elevar el conflicto.
La conclusión final del informe indica que la situación actual del Estrecho de Ormuz no es ni «cerrada» ni «normalmente abierta», sino un nuevo orden que se está gestando: bajo un control discreto pero continuo, cada buque que logra atravesarlo se convierte en parte de la pugna geopolítica.
¡Este artículo de un analista de Citrini avanza hacia Irán con una caja de efectivo y una bolsa de cigarros, y trae de vuelta la situación del Estrecho de Ormuz! Apareció por primera vez en Cadena News ABMedia.