Durante las últimas décadas, hemos sido testigos de un cambio narrativo fascinante—y preocupante. Hace medio siglo, las personas asumían la responsabilidad personal por sus hábitos alimenticios. Saltarse el pastel, ir al gimnasio. Simple. ¿Hoy? Todo el marco ha cambiado. La obesidad ya no es una elección de estilo de vida—se ha reetiquetado como una enfermedad fuera del control individual. Y aquí es donde se pone interesante: la industria alimentaria no ha sido pasiva en esta historia. Detrás de puertas de laboratorio, equipos de I+D por valor de miles de millones de dólares están diseñando sistemáticamente productos pensados para generar máxima adicción. No estamos hablando de accidentes aquí. Grasa, azúcar, sal—cada ingrediente calibrado para que sigas buscando otro bocado. El consenso no cambió de forma aleatoria. La ingeniería de la dependencia, envuelta en narrativas convenientes sobre biología y enfermedad, es el verdadero giro argumental.
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SmartContractPhobia
· hace15h
Tienes razón, pero lo que más duele es... que todos sabemos que esta misma jugada todavía nos engancha, esa es la verdadera enfermedad.
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WhaleInTraining
· hace15h
Tienes toda la razón, las grandes empresas hacen eso, culpan a los genes y al metabolismo... en realidad, no son más que engaños de esos aditivos.
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MerkleMaid
· hace15h
Para ser honesto, el conjunto de "recetas científicas" de las grandes empresas de alimentos es una trampa cuidadosamente diseñada para crear adicción, y culpar a la biología para justificar las decisiones personales es una forma muy hábil de echar la culpa a otros.
Durante las últimas décadas, hemos sido testigos de un cambio narrativo fascinante—y preocupante. Hace medio siglo, las personas asumían la responsabilidad personal por sus hábitos alimenticios. Saltarse el pastel, ir al gimnasio. Simple. ¿Hoy? Todo el marco ha cambiado. La obesidad ya no es una elección de estilo de vida—se ha reetiquetado como una enfermedad fuera del control individual. Y aquí es donde se pone interesante: la industria alimentaria no ha sido pasiva en esta historia. Detrás de puertas de laboratorio, equipos de I+D por valor de miles de millones de dólares están diseñando sistemáticamente productos pensados para generar máxima adicción. No estamos hablando de accidentes aquí. Grasa, azúcar, sal—cada ingrediente calibrado para que sigas buscando otro bocado. El consenso no cambió de forma aleatoria. La ingeniería de la dependencia, envuelta en narrativas convenientes sobre biología y enfermedad, es el verdadero giro argumental.