最近, el índice de pizza del Pentágono de EE. UU. se menciona con frecuencia; cuando hay guerra, las pizzerías cerca del Pentágono experimentan un aumento en los pedidos. Pero el índice de pizza no es lo importante, esto demuestra que la base fundamental de China, una vez más, ha ganado. Dicen, mira, un centro de mando militar a nivel nacional, ni siquiera tiene una cafetería interna, ni siquiera puede comer "patas de cerdo de 2 yuan".
Pero la realidad es exactamente lo contrario. Dentro del Pentágono de EE. UU., hay restaurantes de autoservicio, cafeterías y varios puntos de comida comercial, que en esencia operan en un mercado: pagos con tarjeta personal, precios transparentes, sin diferencias esenciales con la restauración social normal. La cafetería tiene horarios de apertura, y en horas extras se pide pizza, simplemente como una opción de eficiencia, no porque el "Estado no pueda permitirse una comida".
Más importante aún, la apertura: en las áreas de comida del Pentágono, después de pasar por los controles de seguridad normales, cualquier persona puede entrar a consumir, comer sin vinculación a la identidad, y no constituye un beneficio social.
La lógica de las cafeterías en las instituciones chinas es completamente diferente. No son restauración comercial, sino un sistema de suministro especial: subsidios fiscales, precios internos, fondos secretos para ciertos empleados, acceso cerrado. Además, son pagados por la población, pero en realidad no puedes entrar por la puerta.
Por lo tanto, esta base fundamental no es una crítica a EE. UU., sino que, sin querer, reconoce que convertir la comida en un beneficio de identidad en sí mismo es una forma de privilegio.
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最近, el índice de pizza del Pentágono de EE. UU. se menciona con frecuencia; cuando hay guerra, las pizzerías cerca del Pentágono experimentan un aumento en los pedidos. Pero el índice de pizza no es lo importante, esto demuestra que la base fundamental de China, una vez más, ha ganado. Dicen, mira, un centro de mando militar a nivel nacional, ni siquiera tiene una cafetería interna, ni siquiera puede comer "patas de cerdo de 2 yuan".
Pero la realidad es exactamente lo contrario. Dentro del Pentágono de EE. UU., hay restaurantes de autoservicio, cafeterías y varios puntos de comida comercial, que en esencia operan en un mercado: pagos con tarjeta personal, precios transparentes, sin diferencias esenciales con la restauración social normal. La cafetería tiene horarios de apertura, y en horas extras se pide pizza, simplemente como una opción de eficiencia, no porque el "Estado no pueda permitirse una comida".
Más importante aún, la apertura: en las áreas de comida del Pentágono, después de pasar por los controles de seguridad normales, cualquier persona puede entrar a consumir, comer sin vinculación a la identidad, y no constituye un beneficio social.
La lógica de las cafeterías en las instituciones chinas es completamente diferente. No son restauración comercial, sino un sistema de suministro especial: subsidios fiscales, precios internos, fondos secretos para ciertos empleados, acceso cerrado. Además, son pagados por la población, pero en realidad no puedes entrar por la puerta.
Por lo tanto, esta base fundamental no es una crítica a EE. UU., sino que, sin querer, reconoce que convertir la comida en un beneficio de identidad en sí mismo es una forma de privilegio.