Recientemente, las grandes figuras del mundo tecnológico han hablado en podcasts sobre un tema bastante interesante: los impulsores clave de la economía global en 2026. Su conclusión es que AI, cobre y electricidad ya están estrechamente vinculados.
Primero, hablemos de la IA. Su esencia en realidad es convertir electricidad en poder de cálculo. La aparición de modelos a gran escala para cálculos ha convertido a la electricidad, que antes era solo un problema energético, en un asunto de competitividad a nivel nacional. Quien tenga electricidad, tendrá acceso a poder de cálculo.
Luego, el cobre. Suena muy tradicional, ¿verdad? Pero pensándolo bien, la alta densidad de cableado en los centros de datos requiere cobre, y las redes eléctricas para la transición energética también necesitan cobre. Por eso, el cobre ha pasado de ser un metal básico a convertirse en un material estratégico.
¿Cómo impulsan estos tres elementos la economía? La respuesta está en la productividad. La productividad laboral en EE. UU. alcanzó una tasa de crecimiento anual cercana al 5%, alcanzando un máximo en años recientes, principalmente porque las empresas comenzaron a aplicar AI a gran escala. Escribir código, analizar datos, generar contenido: estos trabajos de conocimiento, que antes eran caros y escasos, ahora están automatizados.
Existe un concepto económico llamado la paradoja de Jevons, que dice que cuando algo se vuelve más barato, la demanda en realidad aumenta. La profesión de radiólogo, por ejemplo, a menudo se dice que será eliminada por la AI, pero en realidad el número de radiólogos sigue creciendo. ¿Por qué? Porque los escaneos se vuelven más baratos y rápidos, lo que permite a los sistemas de salud realizar más exploraciones, requiriendo más profesionales para verificar e interpretar los resultados.
Por lo tanto, la AI ya no es solo un tema tecnológico; se ha convertido en el motor central para la actualización de la estructura económica.
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Recientemente, las grandes figuras del mundo tecnológico han hablado en podcasts sobre un tema bastante interesante: los impulsores clave de la economía global en 2026. Su conclusión es que AI, cobre y electricidad ya están estrechamente vinculados.
Primero, hablemos de la IA. Su esencia en realidad es convertir electricidad en poder de cálculo. La aparición de modelos a gran escala para cálculos ha convertido a la electricidad, que antes era solo un problema energético, en un asunto de competitividad a nivel nacional. Quien tenga electricidad, tendrá acceso a poder de cálculo.
Luego, el cobre. Suena muy tradicional, ¿verdad? Pero pensándolo bien, la alta densidad de cableado en los centros de datos requiere cobre, y las redes eléctricas para la transición energética también necesitan cobre. Por eso, el cobre ha pasado de ser un metal básico a convertirse en un material estratégico.
¿Cómo impulsan estos tres elementos la economía? La respuesta está en la productividad. La productividad laboral en EE. UU. alcanzó una tasa de crecimiento anual cercana al 5%, alcanzando un máximo en años recientes, principalmente porque las empresas comenzaron a aplicar AI a gran escala. Escribir código, analizar datos, generar contenido: estos trabajos de conocimiento, que antes eran caros y escasos, ahora están automatizados.
Existe un concepto económico llamado la paradoja de Jevons, que dice que cuando algo se vuelve más barato, la demanda en realidad aumenta. La profesión de radiólogo, por ejemplo, a menudo se dice que será eliminada por la AI, pero en realidad el número de radiólogos sigue creciendo. ¿Por qué? Porque los escaneos se vuelven más baratos y rápidos, lo que permite a los sistemas de salud realizar más exploraciones, requiriendo más profesionales para verificar e interpretar los resultados.
Por lo tanto, la AI ya no es solo un tema tecnológico; se ha convertido en el motor central para la actualización de la estructura económica.