Cuando parecía que el Congreso había llegado a un consenso sobre stablecoins bajo la Ley GENIUS, el Comité Bancario del Senado reabre una de las cuestiones más controvertidas: si los emisores deberían poder ofrecer rendimientos a sus usuarios. Esta decisión, que será votada la próxima semana en el proyecto de ley sobre estructura de mercado, introduce nuevas turbulencias en un sector que creía haber alcanzado certidumbre regulatoria.
El retorno de una vieja disputa
Lo que hace tan significativo este giro es su timing. Después de que el Congreso ya resolviera este tema estableciendo salvaguardias pero permitiendo recompensas en la Ley GENIUS, reabrirlo en fase avanzada del proceso legislativo desmorona los acuerdos alcanzados. El Comité Bancario debe decidir en días si mantiene, restringe o aclara las disposiciones sobre rendimientos de stablecoins, mientras los legisladores aún carecen de un criterio unificado.
Esta incertidumbre de última hora amplifica las apuestas. Dependiendo de lo que determine el Senado, los emisores de stablecoins enfrentarán reglas completamente distintas sobre cómo pueden competir en pagos y comercio blockchain. No es un ajuste menor: es una redefinición de toda la estrategia comercial del sector.
El verdadero centro de la disputa: quién domina los pagos
Detrás de la discusión sobre recompensas existe un conflicto más profundo sobre competencia en sistemas de pago. Los defensores del sector argumentan que esta no es una cuestión de estabilidad financiera, sino de rivalidad comercial directa.
Desde la industria se señala que las stablecoins compiten fundamentalmente con infraestructuras de tarjetas y redes de pago tradicionales, no con depósitos bancarios. Los estudios de Charles River Associates respaldan esta posición: el análisis que comparó el crecimiento de USDC con depósitos en bancos comunitarios no encontró correlación significativa entre ambos fenómenos, sugiriendo que sirven a segmentos completamente distintos.
Investigaciones de la Universidad de Cornell van más allá: no solo confirman que stablecoins no reducen materialmente los préstamos bancarios, sino que además demuestran que las tasas de recompensa actuales del mercado estarían muy lejos de los umbrales necesarios para afectar depósitos de forma relevante. La distancia es abismal.
La verdadera batalla: ingresos bancarios versus innovación en pagos
¿Entonces por qué la resistencia? Los analistas identifican el verdadero incentivo: los bancos estadounidenses generan ingresos significativos de servicios relacionados con pagos—comisiones de tarjetas, ingresos por transacciones, márgenes de depósitos. Las recompensas de stablecoins representan una amenaza directa a esa fuente de rentabilidad, particularmente a medida que más transacciones comerciales migren hacia blockchain.
La oposición legislativa, desde esta óptica, no protege al consumidor de riesgos sistémicos sino que preserva márgenes bancarios. Es proteccionismo regulatorio disfrazado de precaución prudencial.
La dimensión geopolítica que nadie menciona
El debate adquiere dimensiones adicionales cuando se considera el contexto internacional. China experimenta con características que generan intereses en su yuan digital. Europa avanza en sus propias arquitecturas de pago digital. Si Estados Unidos restringe las capacidades de sus stablecoins—particularmente las recompensas que hacen los instrumentos más atractivos—corre el riesgo de ceder liderazgo en infraestructura de pagos on-chain.
No se trata solo de regulación cripto. Es competencia monetaria en la era digital, donde el dólar estadounidense requiere mantener su atractivo funcional en sistemas de pago emergentes.
Lo que está en juego esta semana
La revisión del Comité Bancario del Senado determinará si el proyecto de ley mantiene la estructura prevista en la Ley GENIUS o si los compromisos legislativos se desmoronan bajo presión de última hora. Cualquier redefinición de las reglas sobre recompensas de stablecoins tendrá efectos en cascada: afectará cómo compiten estos instrumentos, cómo los valúa el mercado, y finalmente, cómo se integran en el sistema financiero estadounidense.
La lección es más profunda: en las etapas finales del proceso legislativo, incluso los temas ya cerrados pueden reabrirse. La fragilidad de los compromisos regulatorios queda expuesta, dejando a toda una industria pendiente de decisiones que podrían revertir meses de certidumbre alcanzada.
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La batalla regulatoria por las recompensas de stablecoins vuelve a encenderse en Washington
Cuando parecía que el Congreso había llegado a un consenso sobre stablecoins bajo la Ley GENIUS, el Comité Bancario del Senado reabre una de las cuestiones más controvertidas: si los emisores deberían poder ofrecer rendimientos a sus usuarios. Esta decisión, que será votada la próxima semana en el proyecto de ley sobre estructura de mercado, introduce nuevas turbulencias en un sector que creía haber alcanzado certidumbre regulatoria.
El retorno de una vieja disputa
Lo que hace tan significativo este giro es su timing. Después de que el Congreso ya resolviera este tema estableciendo salvaguardias pero permitiendo recompensas en la Ley GENIUS, reabrirlo en fase avanzada del proceso legislativo desmorona los acuerdos alcanzados. El Comité Bancario debe decidir en días si mantiene, restringe o aclara las disposiciones sobre rendimientos de stablecoins, mientras los legisladores aún carecen de un criterio unificado.
Esta incertidumbre de última hora amplifica las apuestas. Dependiendo de lo que determine el Senado, los emisores de stablecoins enfrentarán reglas completamente distintas sobre cómo pueden competir en pagos y comercio blockchain. No es un ajuste menor: es una redefinición de toda la estrategia comercial del sector.
El verdadero centro de la disputa: quién domina los pagos
Detrás de la discusión sobre recompensas existe un conflicto más profundo sobre competencia en sistemas de pago. Los defensores del sector argumentan que esta no es una cuestión de estabilidad financiera, sino de rivalidad comercial directa.
Desde la industria se señala que las stablecoins compiten fundamentalmente con infraestructuras de tarjetas y redes de pago tradicionales, no con depósitos bancarios. Los estudios de Charles River Associates respaldan esta posición: el análisis que comparó el crecimiento de USDC con depósitos en bancos comunitarios no encontró correlación significativa entre ambos fenómenos, sugiriendo que sirven a segmentos completamente distintos.
Investigaciones de la Universidad de Cornell van más allá: no solo confirman que stablecoins no reducen materialmente los préstamos bancarios, sino que además demuestran que las tasas de recompensa actuales del mercado estarían muy lejos de los umbrales necesarios para afectar depósitos de forma relevante. La distancia es abismal.
La verdadera batalla: ingresos bancarios versus innovación en pagos
¿Entonces por qué la resistencia? Los analistas identifican el verdadero incentivo: los bancos estadounidenses generan ingresos significativos de servicios relacionados con pagos—comisiones de tarjetas, ingresos por transacciones, márgenes de depósitos. Las recompensas de stablecoins representan una amenaza directa a esa fuente de rentabilidad, particularmente a medida que más transacciones comerciales migren hacia blockchain.
La oposición legislativa, desde esta óptica, no protege al consumidor de riesgos sistémicos sino que preserva márgenes bancarios. Es proteccionismo regulatorio disfrazado de precaución prudencial.
La dimensión geopolítica que nadie menciona
El debate adquiere dimensiones adicionales cuando se considera el contexto internacional. China experimenta con características que generan intereses en su yuan digital. Europa avanza en sus propias arquitecturas de pago digital. Si Estados Unidos restringe las capacidades de sus stablecoins—particularmente las recompensas que hacen los instrumentos más atractivos—corre el riesgo de ceder liderazgo en infraestructura de pagos on-chain.
No se trata solo de regulación cripto. Es competencia monetaria en la era digital, donde el dólar estadounidense requiere mantener su atractivo funcional en sistemas de pago emergentes.
Lo que está en juego esta semana
La revisión del Comité Bancario del Senado determinará si el proyecto de ley mantiene la estructura prevista en la Ley GENIUS o si los compromisos legislativos se desmoronan bajo presión de última hora. Cualquier redefinición de las reglas sobre recompensas de stablecoins tendrá efectos en cascada: afectará cómo compiten estos instrumentos, cómo los valúa el mercado, y finalmente, cómo se integran en el sistema financiero estadounidense.
La lección es más profunda: en las etapas finales del proceso legislativo, incluso los temas ya cerrados pueden reabrirse. La fragilidad de los compromisos regulatorios queda expuesta, dejando a toda una industria pendiente de decisiones que podrían revertir meses de certidumbre alcanzada.