Según la sabiduría convencional de la economía, una buena situación económica debería impulsar la subida del mercado. Sin embargo, el entorno actual del mercado está cambiando a un escenario extraño donde esa lógica tradicional no siempre se aplica. Según informes de PANews, el presidente Trump señaló recientemente una reacción anómala del mercado ante las estadísticas del PIB del tercer trimestre. Aunque en el anuncio oficial la tasa de crecimiento superó ampliamente el pronóstico del 2.5%, alcanzando el 4.2%, el mercado en cambio ha perdido dirección y la preocupación se ha intensificado.
Razones por las que un PIB en auge no provoca reacción en las acciones
En los mecanismos del mercado de antes, la mejora en los indicadores económicos estimulaba inmediatamente la voluntad de compra de los inversores. Sin embargo, en la actualidad, cuando se publican datos positivos, la tendencia es que los precios de las acciones se mantengan estancados o incluso caigan. Los traders de Wall Street no están tan interesados en los números en sí, sino en la política de tasas de interés que hay detrás. Cada vez que se publican datos económicos sólidos, existe la preocupación de que las autoridades financieras puedan aumentar las tasas de interés de manera más agresiva para frenar la inflación, lo que frena las órdenes de compra.
Esta reacción paradójica del mercado simboliza que el equilibrio entre la contención de la inflación y el crecimiento económico se ha vuelto sumamente delicado. La perspectiva de los participantes del mercado se dirige más a los riesgos políticos en los próximos meses que a las ganancias inmediatas.
El dilema entre política de tasas y psicología del mercado
El presidente Trump ha expresado claramente su crítica a esta estructura de mercado poco saludable. Según su postura, el crecimiento económico fuerte en sí mismo no genera inflación, sino que el problema radica en decisiones políticas equivocadas. Para recuperar un entorno de mercado saludable, propone que la nueva dirección de la Reserva Federal reduzca las tasas en fases de buen desempeño económico y no aplique restricciones innecesarias.
La visión ideal del mercado para el presidente es que “suba cuando debe subir y baje cuando debe bajar”, un mecanismo lógico y natural. Es decir, que si los indicadores mejoran, el mercado suba; y si empeoran, baje. La esperanza es que, después de décadas, se vuelva a esa dinámica natural. La inflación también debería disminuir de forma natural, y las tasas de interés deben ajustarse según sea necesario, sin que la política monetaria intente forzar el crecimiento a la fuerza. Ese es el punto central de su argumento.
Reclamaciones a la élite financiera
El presidente también advierte con dureza a los responsables de las decisiones de política financiera: “Si se permite que las fuerzas que buscan destruir la tendencia alcista de la economía prosperen, el país nunca podrá fortalecerse”. Esta crítica va dirigida a las élites financieras que intentan controlar excesivamente el mercado usando su conocimiento especializado, en un estilo que en japonés se llama “otaku”, en referencia a la obsesión por teorías específicas en ciertos campos.
Se argumenta que no se debe atar la dinámica del mercado a teorías sin fundamento, sino que se requiere una política flexible basada en la percepción de los participantes y en la realidad económica. El presidente ha dejado claro que “quien se oponga a mí no será nombrado presidente de la Reserva Federal”, mostrando la firmeza en esa postura.
Para resolver las distorsiones actuales del mercado, es imprescindible un cambio de política que cierre la brecha entre los datos económicos y la psicología del mercado, y esa transformación probablemente influirá significativamente en el entorno del mercado en 2026.
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Fenómenos anómalos del mercado: por qué los buenos indicadores económicos hacen bajar las acciones
Según la sabiduría convencional de la economía, una buena situación económica debería impulsar la subida del mercado. Sin embargo, el entorno actual del mercado está cambiando a un escenario extraño donde esa lógica tradicional no siempre se aplica. Según informes de PANews, el presidente Trump señaló recientemente una reacción anómala del mercado ante las estadísticas del PIB del tercer trimestre. Aunque en el anuncio oficial la tasa de crecimiento superó ampliamente el pronóstico del 2.5%, alcanzando el 4.2%, el mercado en cambio ha perdido dirección y la preocupación se ha intensificado.
Razones por las que un PIB en auge no provoca reacción en las acciones
En los mecanismos del mercado de antes, la mejora en los indicadores económicos estimulaba inmediatamente la voluntad de compra de los inversores. Sin embargo, en la actualidad, cuando se publican datos positivos, la tendencia es que los precios de las acciones se mantengan estancados o incluso caigan. Los traders de Wall Street no están tan interesados en los números en sí, sino en la política de tasas de interés que hay detrás. Cada vez que se publican datos económicos sólidos, existe la preocupación de que las autoridades financieras puedan aumentar las tasas de interés de manera más agresiva para frenar la inflación, lo que frena las órdenes de compra.
Esta reacción paradójica del mercado simboliza que el equilibrio entre la contención de la inflación y el crecimiento económico se ha vuelto sumamente delicado. La perspectiva de los participantes del mercado se dirige más a los riesgos políticos en los próximos meses que a las ganancias inmediatas.
El dilema entre política de tasas y psicología del mercado
El presidente Trump ha expresado claramente su crítica a esta estructura de mercado poco saludable. Según su postura, el crecimiento económico fuerte en sí mismo no genera inflación, sino que el problema radica en decisiones políticas equivocadas. Para recuperar un entorno de mercado saludable, propone que la nueva dirección de la Reserva Federal reduzca las tasas en fases de buen desempeño económico y no aplique restricciones innecesarias.
La visión ideal del mercado para el presidente es que “suba cuando debe subir y baje cuando debe bajar”, un mecanismo lógico y natural. Es decir, que si los indicadores mejoran, el mercado suba; y si empeoran, baje. La esperanza es que, después de décadas, se vuelva a esa dinámica natural. La inflación también debería disminuir de forma natural, y las tasas de interés deben ajustarse según sea necesario, sin que la política monetaria intente forzar el crecimiento a la fuerza. Ese es el punto central de su argumento.
Reclamaciones a la élite financiera
El presidente también advierte con dureza a los responsables de las decisiones de política financiera: “Si se permite que las fuerzas que buscan destruir la tendencia alcista de la economía prosperen, el país nunca podrá fortalecerse”. Esta crítica va dirigida a las élites financieras que intentan controlar excesivamente el mercado usando su conocimiento especializado, en un estilo que en japonés se llama “otaku”, en referencia a la obsesión por teorías específicas en ciertos campos.
Se argumenta que no se debe atar la dinámica del mercado a teorías sin fundamento, sino que se requiere una política flexible basada en la percepción de los participantes y en la realidad económica. El presidente ha dejado claro que “quien se oponga a mí no será nombrado presidente de la Reserva Federal”, mostrando la firmeza en esa postura.
Para resolver las distorsiones actuales del mercado, es imprescindible un cambio de política que cierre la brecha entre los datos económicos y la psicología del mercado, y esa transformación probablemente influirá significativamente en el entorno del mercado en 2026.