La guerra energética de Trump: ¿a costa del petróleo para mantener el dólar? ¿Cuánta lógica profunda se esconde realmente en esta partida?


Recientemente, el mercado global de materias primas ha experimentado una tendencia extrema que no se había visto en una década: el oro ha subido imparablemente, ignorando toda clase de malas noticias y manteniéndose firme, mientras que el petróleo continúa cayendo sin fondo. Esta divergencia extrema entre oro y petróleo ya no puede explicarse solo por la oferta y demanda del mercado.
El principal impulsor detrás de esto es Trump, quien, tras tomar oficialmente el control de la Casa Blanca, ya había trazado un tablero energético: sacrificando el petróleo para intentar prolongar el dominio del dólar. Este juego, que parece centrado en el precio del petróleo, en realidad oculta múltiples lógicas profundas relacionadas con la economía estadounidense, la geopolítica y el sistema monetario global. Solo entendiendo esta partida, se puede comprender la dirección clave del mercado financiero mundial actual.
La primera jugada de la guerra energética de Trump es resolver los problemas internos de EE. UU.: un intercambio de petróleo por tasas de interés. EE. UU. está atrapado en una situación económica sin salida: la inflación sigue alta, pero la política de altas tasas de la Reserva Federal se vuelve insostenible.
La deuda estadounidense ha superado su máximo histórico, y los intereses generados cada año ya son cifras astronómicas. Las tasas altas continuas están aplastando las finanzas públicas, y una bajada de tasas es inminente, pero la Fed aún no tiene una excusa legítima para hacerlo.
El precio del petróleo, en cambio, es la clave del núcleo inflacionario: sus subidas y bajadas afectan directamente los datos del IPC de EE. UU., y esa es la razón principal por la que Trump apunta a la industria petrolera.
Desde la campaña electoral, Trump lanzó el famoso eslogan “Drill, baby, drill”, y tras llegar al poder, implementó rápidamente una serie de políticas energéticas: derogar la prohibición de perforación marítima de Biden, definir decenas de áreas de arrendamiento de petróleo y gas en Alaska, California, Florida y otras zonas costeras, expandir significativamente la extracción offshore; crear un Comité Nacional de Liderazgo Energético para revitalizar la industria energética estadounidense, e incluso cortar fondos federales a cientos de proyectos de energías limpias y detener planes de energía renovable como la eólica marina.
El plan de Trump es simple: expandir frenéticamente la extracción de petróleo de lutita y liberar la capacidad de producción de EE. UU., para mantener los precios internacionales del petróleo en niveles bajos, apuntando a unos 60 dólares o incluso menos.
Mientras el precio del petróleo caiga, los datos de inflación en EE. UU. mejorarán rápidamente, y la Fed tendrá una justificación sólida para reducir tasas de interés, lo que no solo alimentará la débil bolsa, sino que también aliviará la presión fiscal derivada de las altas tasas. Es una apuesta arriesgada: usar la capacidad de producción petrolera para dar un respiro a la economía estadounidense.
Por eso, la caída continua del petróleo no es solo por inventarios altos o demanda débil, sino que el capital global ya está pagando por adelantado la política de precios bajos de Trump.
Cada caída del petróleo es una expectativa de recorte de tasas en EE. UU., y antes de que la estrategia energética de Trump se implemente por completo, el petróleo será el “sacrificio” para aliviar la crisis económica interna de EE. UU.
Este es el motivo principal de la divergencia entre el precio del petróleo y el oro.
Si la estrategia de cambiar petróleo por tasas busca resolver los problemas internos de EE. UU., la segunda jugada de la guerra energética de Trump es usar el precio del petróleo para jugar a la geopolítica, golpeando con precisión la economía de sus adversarios.
Una caída drástica en el precio del petróleo afecta principalmente a los países productores del Medio Oriente, pero el más afectado es Rusia, que depende en más del 40% de sus ingresos fiscales en exportaciones energéticas. Cada bajada del precio del petróleo golpea duramente sus finanzas, y el valor del rublo fluctúa significativamente. Esta presión económica es más efectiva y mortal que un enfrentamiento militar directo.
Trump sabe que, bajando el precio del petróleo, puede debilitar la base económica de Rusia y reducir su influencia en el mercado energético global, mucho más que enviar armas a Ucrania.
Por eso, OPEP+ ha intentado varias veces reducir la producción para sostener los precios, pero ha sido en vano. Frente a la voluntad política de Trump y la enorme capacidad de producción de EE. UU., las leyes tradicionales de oferta y demanda ya no funcionan. La reducción de producción de OPEP+ no puede competir con la capacidad de EE. UU., que usa su energía como arma en una lucha geopolítica. En realidad, el petróleo es solo una pieza en este juego.
Lo más interesante de esta guerra energética es que, detrás de la caída del precio del petróleo, se revela una crisis profunda en la confianza en el dólar. Esa es la razón principal por la que el oro ha subido imparablemente: la tercera jugada de la estrategia energética de Trump, y la más difícil de resolver, es matar el petróleo para mantener las tasas, pero a costa de agotar la confianza en el dólar.
La operación de Trump de reducir los precios del petróleo para bajar tasas inevitablemente genera un efecto secundario mortal: para aliviar la presión fiscal y estimular la economía, la Fed tendrá que inyectar una gran cantidad de liquidez, lo que provocará una mayor circulación del dólar y una continua pérdida de su poder adquisitivo. Esto marca el inicio de la desconfianza global en la credibilidad del dólar.
Esa es la raíz de la subida imparable del oro, ignorando las malas noticias. Hoy en día, el oro ya no es solo un activo contra la inflación, sino una “Arca de Noé” para cubrir el riesgo sistémico de la confianza en el dólar.
China ha visto claramente esta tendencia, acumulando oro y reduciendo sus bonos del Tesoro. Los países del Sur global también están siguiendo el ejemplo, abandonando el uso del dólar en las transacciones y aumentando sus reservas en oro, en una ola de desdolarización que ya se está gestando silenciosamente en todo el mundo.
Cuanto más EE. UU. manipula los precios del petróleo y las tasas para ocultar su deuda y desequilibrios económicos, más se aleja el capital global de confiar en la credibilidad del dólar, y más se resalta el valor refugio del oro.
Por eso, la divergencia entre oro y petróleo refleja en esencia un enfrentamiento entre dos lógicas:
La caída del petróleo es resultado de la voluntad política de EE. UU., para resolver sus problemas internos; el aumento del oro es una votación del capital global en favor de la confianza en el dólar, y una resistencia silenciosa a la manipulación del mercado por parte de EE. UU.
Por un lado, el petróleo se convierte en “sacrificio” para EE. UU., y por otro, el oro en refugio para que los países eviten la captura del dólar. Esta guerra energética liderada por Trump ha trascendido el simple juego de precios de commodities y se ha convertido en una lucha profunda por la hegemonía del dólar y la reconstrucción del sistema monetario global.
Al entender estas tres capas de lógica, el rumbo del mercado se vuelve claro. Para el petróleo, antes de que las políticas energéticas de Trump se implementen completamente y EE. UU. libere toda su capacidad de producción, es muy probable que los precios sigan siendo bajos. Arriesgarse a comprar en estos momentos sería como recibir un cuchillo en el aire: la política, no el mercado, es la que domina esta tendencia. Hasta que se cumpla la tarea política, las señales técnicas carecen de sentido.
En cuanto al oro, mientras la deuda de EE. UU. siga creciendo y las expectativas de recortes de tasas no desaparezcan, y la crisis de confianza en el dólar no se resuelva, la tendencia alcista a largo plazo del oro no cambiará.
Las caídas ocasionales son solo correcciones normales del mercado, y una oportunidad para que los fondos a largo plazo “recuperen terreno”, respaldados por compras continuas de bancos centrales y grandes instituciones. La subida del oro es una decisión colectiva del capital global.
Esta guerra energética no solo afecta a los mercados de materias primas, sino que también está estrechamente relacionada con la asignación de activos de las personas comunes. Muchos piensan que la caída del petróleo es buena porque ahorra unos euros por tanque, y que los precios en supermercados son estables, y creen que la inflación está bajo control. Pero en realidad, eso es solo una “ilusión de precios” creada por Trump.
La operación de “matar el petróleo para mantener el dólar” de EE. UU. en realidad es usar el poder de compra global para respaldar su deuda y déficit, y la circulación descontrolada del dólar terminará generando inflación mundial. Nuestro dinero en efectivo se devaluará sin que nos demos cuenta.
Por eso, las personas comunes no necesitan ser traders macro profesionales, pero sí deben tener conciencia básica de cobertura de riesgos. En esta era de constantes disputas entre grandes potencias y debilitamiento de la confianza en el dólar, los activos no deben concentrarse solo en efectivo. En lugar de dejar los ahorros en el banco, con intereses mínimos y siendo erosionados por la inflación, es mejor destinar una pequeña parte a activos resistentes al riesgo como el oro, para añadir una capa de “seguridad” a la riqueza.
Trump intenta prolongar el dominio del dólar sacrificando el petróleo, pero olvida un hecho clave: la hegemonía del dólar no se consigue manipulando el mercado o reprimiendo a los rivales, sino basándose en la confianza.
Cada vez que EE. UU. interviene en el mercado con maniobras políticas, agotando su propia credibilidad, la base de la hegemonía del dólar se va debilitando poco a poco. Esta guerra energética puede dar a EE. UU. un respiro económico temporal, pero acelerará el proceso de desdolarización global. Es la jugada de Trump, y también el principio del declive del dominio del dólar.
Comprar historias en tiempos de prosperidad, y comprar certezas en tiempos de caos. En esta era llena de cálculos y disputas, la verdadera certeza del mercado no está en una sola vela o en una subida o bajada puntual, sino en la lucha política y la lógica de confianza que hay detrás del petróleo y el oro. Entender la guerra energética de Trump y la crisis de confianza en el dólar es clave para proteger nuestro patrimonio en un mercado global complejo.
Su estrategia, aunque parece astuta, en realidad enciende la mecha de la decadencia del dólar:
Lo que se deprime es el precio del petróleo, y lo que se enciende es el incendio de la desdolarización;
Lo que se obtiene es un respiro temporal, pero lo que se agota es la última reserva de confianza del imperio!!!#金价突破5500美元
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