Bitcoin enfrenta un enigma que desafía sus narrativas más arraigadas. Mientras la inflación golpea a las economías globales y la oferta monetaria sigue expandiéndose, el “oro digital” ha cedido terreno de manera consistente. En los últimos 12 meses, su valor ha caído un 16.55%, situándose ahora en torno a $84.39K, mientras el oro se disparaba más del 80% durante el mismo período de incertidumbre geopolítica y volatilidad en las tasas de interés.
El contraste es desconcertante. Ambos activos comparten narrativas idénticas: escasez, protección contra la expansión monetaria, refugio en épocas de crisis. Sin embargo, sus trayectorias han divergido de manera radical, dejando en el aire una pregunta incómoda: ¿Ha fracasado realmente Bitcoin como depósito de valor, o hay dinámicas de mercado más profundas que explican este desempeño?
El dilema del “oro digital”: Cuando la oferta monetaria creciente no impulsa como se esperaba
Durante años, los defensores de Bitcoin argumentaron que su escasez programada lo posicionaría como la respuesta moderna a la expansión sin límites de la oferta monetaria global. La lógica era simple: más dinero fiat en circulación debería favorecer activos con suministro fijo. Pero la realidad de 2025 y principios de 2026 ha sido diferente.
“Es prematuro declarar que el ‘oro digital’ ha fracasado”, comenta David Parkinson, CEO de Musquet Lightning Network. “La oferta fija de Bitcoin y el crecimiento de su red continúan generando rendimientos superiores en horizontes multianuales. Bitcoin está emergiendo como el activo monetario nativo de Internet, no simplemente como cobertura, sino como solución permanente a la inflación.”
Sin embargo, esta perspectiva contrasta con los números inmediatos. Mientras los bancos centrales continúan ajustando su oferta monetaria y los gobiernos implementan políticas expansivas, el mercado ha optado por los metales preciosos tangibles por sobre la escasez digital. La razón, según los analistas, no es solo económica sino también psicológica.
¿Transferencia de propiedad o fracaso de demanda? Descifrando los flujos institucionales
Mark Connors, director de inversiones en Risk Dimensions, ofrece una lectura alternativa. “No es un problema de demanda; es un evento de distribución de oferta”, explica. Los flujos de entrada institucionales en ETFs de Bitcoin continúan siendo masivos, pero no están impulsando el precio al alza. En cambio, están absorbiendo una década de oferta que están liquidando los primeros adoptantes.
“Estamos presenciando una transferencia de propiedad institucional, no un fracaso del interés”, precisa Connors. Los ETFs de Bitcoin han capturado capital significativo de inversores institucionales, pero este dinero simplemente está reemplazando la oferta que sale del mercado de early-stage investors. Es decir: hay nuevo dinero entrando, pero hay volumen de oferta saliendo al mismo ritmo, neutralizando el impulso alcista.
Este dinamismo oculto es crucial para entender por qué Bitcoin no ha respondido a la expansión de la oferta monetaria global como sus proponentes predijeron. Los flujos institucionales son reales, pero su función no es impulsar precios sino redistribuir propiedad.
La “memoria muscular” del mercado: Por qué los inversores eligen lo conocido en tiempos de incertidumbre
En contextos de profunda incertidumbre, los mercados tienden a comportarse de manera irracional desde una perspectiva técnica, pero completamente racional desde una perspectiva conductual. Andre Dragosch, analista en Bitwise, lo sintetiza así: “En tiempos de incertidumbre, los inversores recurren primero a aquellos activos con los que están familiarizados. En este momento, esos parecen ser el oro y la plata.”
Bitcoin, a pesar de su tesis de reserva de valor superior, sigue siendo percibido como un activo de riesgo por buena parte del mercado institucional. El oro, por su parte, tiene siglos de legitimidad y herencia psicológica. Cuando el miedo domina, la herencia vence a la promesa tecnológica.
Jessy Gilger, asesora senior en Gannett Wealth Advisors, expresa confianza en que esta dinámica es temporal: “El actual auge del oro es una distracción política. Bitcoin ha demostrado ser técnicamente estable a nivel de protocolo durante más de quince años. Espere una regresión hacia la media, donde Bitcoin eventualmente alcance su valor conforme el mercado comprenda que la escasez digital es más eficiente que la herencia física.”
Sin embargo, el tiempo juega en contra de esta narrativa. Mientras pasa el tiempo, más inversores se acostumbran al oro como el activo refugio preferido, reforzando la memoria muscular del mercado.
Correlaciones macro: ¿Por qué Bitcoin falla donde el oro brilla?
Charlie Morris, CIO de ByteTree, presenta un análisis diferente. “Lo irónico es que los seguidores del oro y los maximalistas de Bitcoin utilizan las mismas narrativas: oferta limitada, impresión monetaria, inflación, guerra, caos. Pero creo que el oro es el activo de reserva para el mundo real, y Bitcoin para el mundo digital. Los problemas actuales están en el mundo real.”
Aquí reside una verdad incómoda: Bitcoin siempre ha tenido una correlación histórica cercana con las acciones tecnológicas y los activos de riesgo. Cuando el contexto macroeconómico favorece un apetito por riesgo, Bitcoin asciende. Cuando domina el miedo y la aversión al riesgo, Bitcoin retrocede, independientemente de cuánta oferta monetaria esté creando el banco central.
Por el contrario, el oro ha demostrado ser un activo no-correlacionado que prospera en contextos de incertidumbre real. La dicotomía es clara: Bitcoin es para cuando el mundo confía; el oro, para cuando el mundo teme.
¿Cuándo llegará la rotación? La apuesta de los optimistas
Peter Lane, CEO de Jacobi Asset Management, reconoce el desafío actual pero mantiene la esperanza: “La narrativa del ‘oro digital’ no se ha manifestado cuando ha sido puesta a prueba. Bitcoin no se ha comportado como una cobertura contra la inflación ni como un refugio seguro durante períodos de tensión geopolítica. El oro y la plata han sido los claros vencedores.”
Sin embargo, Lane sugiere que los mercados están sobrecomprados en oro: “Creo que eventualmente veremos una rotación hacia Bitcoin, pero por ahora los inversores se inclinan hacia lo conocido.”
Andre Dragosch profundiza en esta tesis con análisis técnico. “Basado en el ratio de Mayer entre Bitcoin y oro, Bitcoin ya se encuentra en niveles de debilidad no vistos desde 2022. Existe una subvaloración masiva de Bitcoin relativa tanto al entorno macroeconómico proyectado para 2026 como al nivel de oferta monetaria global.” Su conclusión: esta desalineación probablemente se resolverá al alza en los próximos meses.
De cobertura a solución permanente: Replanteando Bitcoin en la expansión de oferta monetaria
Anthony Pompliano, Presidente y CEO de ProCap Financial, sugiere que Bitcoin necesita evolucionar su narrativa. “Bitcoin ha sido en gran medida una cobertura contra la inflación durante el último medio decenio. Pero si la deflación llega, Bitcoin necesitará encontrar otra demanda.”
Esta observación señala hacia una realidad más profunda: la expansión de la oferta monetaria global no es garantía automática del éxito de Bitcoin. Los mercados no funcionan solo por lógica económica; funcionan por percepción, timing y competencia con otras narrativas.
David Parkinson resume la apuesta a largo plazo: “La oferta fija de Bitcoin, combinada con el crecimiento exponencial de su red como activo monetario digital nativo, lo posiciona no como una cobertura temporal contra la inflación, sino como una solución permanente. El oro y otros activos tradicionales están disfrutando su momento, pero Bitcoin sobrevive y brilla más que todos ellos en un horizonte multianual.”
La próxima etapa: Cuando la oferta monetaria global encuentre su equilibrio
La pregunta central no es si Bitcoin fallará, sino cuándo su promesa se alineará con la realidad de mercado. Los flujos institucionales continúan, la red sigue creciendo, y la oferta fija permanece intacta. Lo que falta es la convergencia de condiciones macroeconómicas que permita a Bitcoin reclamar el espacio que sus defensores le han reservado en la era de la expansión monetaria.
Por ahora, Bitcoin espera su momento mientras el oro disfruta de su reinado. En 2026, la prueba definitiva será si la persistente expansión de oferta monetaria global finalmente redirige capital hacia el “oro digital” o si el mercado encuentra otro hogar para sus temores.
Esta página puede contener contenido de terceros, que se proporciona únicamente con fines informativos (sin garantías ni declaraciones) y no debe considerarse como un respaldo por parte de Gate a las opiniones expresadas ni como asesoramiento financiero o profesional. Consulte el Descargo de responsabilidad para obtener más detalles.
La encrucijada del Bitcoin en 2026: Cuando la oferta monetaria global no explica el rezago
Bitcoin enfrenta un enigma que desafía sus narrativas más arraigadas. Mientras la inflación golpea a las economías globales y la oferta monetaria sigue expandiéndose, el “oro digital” ha cedido terreno de manera consistente. En los últimos 12 meses, su valor ha caído un 16.55%, situándose ahora en torno a $84.39K, mientras el oro se disparaba más del 80% durante el mismo período de incertidumbre geopolítica y volatilidad en las tasas de interés.
El contraste es desconcertante. Ambos activos comparten narrativas idénticas: escasez, protección contra la expansión monetaria, refugio en épocas de crisis. Sin embargo, sus trayectorias han divergido de manera radical, dejando en el aire una pregunta incómoda: ¿Ha fracasado realmente Bitcoin como depósito de valor, o hay dinámicas de mercado más profundas que explican este desempeño?
El dilema del “oro digital”: Cuando la oferta monetaria creciente no impulsa como se esperaba
Durante años, los defensores de Bitcoin argumentaron que su escasez programada lo posicionaría como la respuesta moderna a la expansión sin límites de la oferta monetaria global. La lógica era simple: más dinero fiat en circulación debería favorecer activos con suministro fijo. Pero la realidad de 2025 y principios de 2026 ha sido diferente.
“Es prematuro declarar que el ‘oro digital’ ha fracasado”, comenta David Parkinson, CEO de Musquet Lightning Network. “La oferta fija de Bitcoin y el crecimiento de su red continúan generando rendimientos superiores en horizontes multianuales. Bitcoin está emergiendo como el activo monetario nativo de Internet, no simplemente como cobertura, sino como solución permanente a la inflación.”
Sin embargo, esta perspectiva contrasta con los números inmediatos. Mientras los bancos centrales continúan ajustando su oferta monetaria y los gobiernos implementan políticas expansivas, el mercado ha optado por los metales preciosos tangibles por sobre la escasez digital. La razón, según los analistas, no es solo económica sino también psicológica.
¿Transferencia de propiedad o fracaso de demanda? Descifrando los flujos institucionales
Mark Connors, director de inversiones en Risk Dimensions, ofrece una lectura alternativa. “No es un problema de demanda; es un evento de distribución de oferta”, explica. Los flujos de entrada institucionales en ETFs de Bitcoin continúan siendo masivos, pero no están impulsando el precio al alza. En cambio, están absorbiendo una década de oferta que están liquidando los primeros adoptantes.
“Estamos presenciando una transferencia de propiedad institucional, no un fracaso del interés”, precisa Connors. Los ETFs de Bitcoin han capturado capital significativo de inversores institucionales, pero este dinero simplemente está reemplazando la oferta que sale del mercado de early-stage investors. Es decir: hay nuevo dinero entrando, pero hay volumen de oferta saliendo al mismo ritmo, neutralizando el impulso alcista.
Este dinamismo oculto es crucial para entender por qué Bitcoin no ha respondido a la expansión de la oferta monetaria global como sus proponentes predijeron. Los flujos institucionales son reales, pero su función no es impulsar precios sino redistribuir propiedad.
La “memoria muscular” del mercado: Por qué los inversores eligen lo conocido en tiempos de incertidumbre
En contextos de profunda incertidumbre, los mercados tienden a comportarse de manera irracional desde una perspectiva técnica, pero completamente racional desde una perspectiva conductual. Andre Dragosch, analista en Bitwise, lo sintetiza así: “En tiempos de incertidumbre, los inversores recurren primero a aquellos activos con los que están familiarizados. En este momento, esos parecen ser el oro y la plata.”
Bitcoin, a pesar de su tesis de reserva de valor superior, sigue siendo percibido como un activo de riesgo por buena parte del mercado institucional. El oro, por su parte, tiene siglos de legitimidad y herencia psicológica. Cuando el miedo domina, la herencia vence a la promesa tecnológica.
Jessy Gilger, asesora senior en Gannett Wealth Advisors, expresa confianza en que esta dinámica es temporal: “El actual auge del oro es una distracción política. Bitcoin ha demostrado ser técnicamente estable a nivel de protocolo durante más de quince años. Espere una regresión hacia la media, donde Bitcoin eventualmente alcance su valor conforme el mercado comprenda que la escasez digital es más eficiente que la herencia física.”
Sin embargo, el tiempo juega en contra de esta narrativa. Mientras pasa el tiempo, más inversores se acostumbran al oro como el activo refugio preferido, reforzando la memoria muscular del mercado.
Correlaciones macro: ¿Por qué Bitcoin falla donde el oro brilla?
Charlie Morris, CIO de ByteTree, presenta un análisis diferente. “Lo irónico es que los seguidores del oro y los maximalistas de Bitcoin utilizan las mismas narrativas: oferta limitada, impresión monetaria, inflación, guerra, caos. Pero creo que el oro es el activo de reserva para el mundo real, y Bitcoin para el mundo digital. Los problemas actuales están en el mundo real.”
Aquí reside una verdad incómoda: Bitcoin siempre ha tenido una correlación histórica cercana con las acciones tecnológicas y los activos de riesgo. Cuando el contexto macroeconómico favorece un apetito por riesgo, Bitcoin asciende. Cuando domina el miedo y la aversión al riesgo, Bitcoin retrocede, independientemente de cuánta oferta monetaria esté creando el banco central.
Por el contrario, el oro ha demostrado ser un activo no-correlacionado que prospera en contextos de incertidumbre real. La dicotomía es clara: Bitcoin es para cuando el mundo confía; el oro, para cuando el mundo teme.
¿Cuándo llegará la rotación? La apuesta de los optimistas
Peter Lane, CEO de Jacobi Asset Management, reconoce el desafío actual pero mantiene la esperanza: “La narrativa del ‘oro digital’ no se ha manifestado cuando ha sido puesta a prueba. Bitcoin no se ha comportado como una cobertura contra la inflación ni como un refugio seguro durante períodos de tensión geopolítica. El oro y la plata han sido los claros vencedores.”
Sin embargo, Lane sugiere que los mercados están sobrecomprados en oro: “Creo que eventualmente veremos una rotación hacia Bitcoin, pero por ahora los inversores se inclinan hacia lo conocido.”
Andre Dragosch profundiza en esta tesis con análisis técnico. “Basado en el ratio de Mayer entre Bitcoin y oro, Bitcoin ya se encuentra en niveles de debilidad no vistos desde 2022. Existe una subvaloración masiva de Bitcoin relativa tanto al entorno macroeconómico proyectado para 2026 como al nivel de oferta monetaria global.” Su conclusión: esta desalineación probablemente se resolverá al alza en los próximos meses.
De cobertura a solución permanente: Replanteando Bitcoin en la expansión de oferta monetaria
Anthony Pompliano, Presidente y CEO de ProCap Financial, sugiere que Bitcoin necesita evolucionar su narrativa. “Bitcoin ha sido en gran medida una cobertura contra la inflación durante el último medio decenio. Pero si la deflación llega, Bitcoin necesitará encontrar otra demanda.”
Esta observación señala hacia una realidad más profunda: la expansión de la oferta monetaria global no es garantía automática del éxito de Bitcoin. Los mercados no funcionan solo por lógica económica; funcionan por percepción, timing y competencia con otras narrativas.
David Parkinson resume la apuesta a largo plazo: “La oferta fija de Bitcoin, combinada con el crecimiento exponencial de su red como activo monetario digital nativo, lo posiciona no como una cobertura temporal contra la inflación, sino como una solución permanente. El oro y otros activos tradicionales están disfrutando su momento, pero Bitcoin sobrevive y brilla más que todos ellos en un horizonte multianual.”
La próxima etapa: Cuando la oferta monetaria global encuentre su equilibrio
La pregunta central no es si Bitcoin fallará, sino cuándo su promesa se alineará con la realidad de mercado. Los flujos institucionales continúan, la red sigue creciendo, y la oferta fija permanece intacta. Lo que falta es la convergencia de condiciones macroeconómicas que permita a Bitcoin reclamar el espacio que sus defensores le han reservado en la era de la expansión monetaria.
Por ahora, Bitcoin espera su momento mientras el oro disfruta de su reinado. En 2026, la prueba definitiva será si la persistente expansión de oferta monetaria global finalmente redirige capital hacia el “oro digital” o si el mercado encuentra otro hogar para sus temores.