Los mercados cripto se enfrentan a un obstáculo estructural mucho más grave que la volatilidad: la escasez crónica de liquidez. Esta es la conclusión a la que llegó Jason Atkins, director comercial en Auros, especialista en creación de mercados cripto, quien analiza los verdaderos obstáculos para la expansión institucional en el sector.
Contrariamente a la idea generalizada de que la volatilidad aleja a los grandes inversores, Auros descubre que el problema está en otro lado. “No puedes simplemente decir que el capital institucional quiere entrar si no tienes un camino para que lo hagan”, dice Atkins. La pregunta fundamental es: ¿tienen los mercados suficiente profundidad para absorber los flujos que Wall Street quiere desplegar?
El déficit de liquidez ralentiza la llegada institucional
Durante meses, la industria ha estado alabando la creciente demanda institucional. Sin embargo, una observación recurrente surge bajo los titulares: los recursos líquidos disponibles son estructuralmente insuficientes para permitir que las grandes instituciones intervengan a su escala habitual sin desestabilizar los precios.
Según Auros, los acontecimientos recientes no son las únicas razones de esta escasez. Los principales ciclos de delirio—de los cuales el crash del 10 de octubre sigue siendo un ejemplo destacado—han expulsado a los traders y al apalancamiento del sistema más rápido de lo que pueden volver a hacerlo. Los proveedores de liquidez, como los creadores de mercado de Auros, reaccionan a la demanda en lugar de crearla activamente. Como resultado, un descenso natural en el trading conduce automáticamente a una reducción en la asunción de riesgos y la profundidad del mercado.
Una espiral auto-perpetuada de iliquidez y volatilidad
Esta dinámica genera un ciclo pernicioso. Reducir la profundidad provoca más volatilidad. Esta volatilidad provoca controles de riesgo más estrictos, lo que a su vez provoca una mayor retirada de liquidez. “El problema surge cuando la volatilidad choca con mercados ilíquidos”, dice Atkins. En estos mercados, cubrir una posición se vuelve complejo y liquidarla es aún más complicado.
Esta espiral autosustentable plantea un desafío estructural que, según Auros, las instituciones no pueden resolver solas. Mientras los mercados sigan siendo ilíquidos, las grandes estructuras no tienen garantía natural para estabilizar los precios en caso de tensión. El interés institucional persiste, pero sin las condiciones de liquidez requeridas, este interés permanece paralizado.
Por qué los mandatos institucionales requieren una liquidez robusta
El meollo del problema radica en la naturaleza de los mandatos que gestionan las grandes instituciones. A diferencia de los traders minoristas, que pueden tolerar ciertos riesgos de liquidez, los grandes asignadores operan bajo estrictas restricciones de preservación de capital.
“Cuando tienes tanta riqueza, o si eres un actor institucional importante, no es cuestión de ‘puedes maximizar los rendimientos’. Se trata de ‘¿puedes maximizar el rendimiento mientras se conserva el capital?’”, dice Atkins. Esta distinción transforma completamente el cálculo del riesgo. Las instituciones simplemente no pueden aceptar las condiciones actuales del mercado, donde una posición difícil de cubrir equivale a un riesgo inaceptable.
Más allá del debate volatilidad-liquidez: una fase de consolidación
Auros observa que la industria cripto está cruzando un umbral diferente. Lejos de estar en una fase de crecimiento caótico, está entrando en un periodo de consolidación. “La innovación financiera ya no es tan dinámica”, señala Atkins. Los fundamentos básicos del protocolo —Uniswap y AMMs como ejemplos— ya no representan novaciones.
Lo que la criptomoneda está experimentando ahora parece un “momento LLM”. El sector no carece de interés a largo plazo, sino que debe generar nuevas estructuras capaces de generar un compromiso sostenible. Sin una innovación sustancial que atraiga nuevo capital, la escasez de liquidez persiste sobre todo, al igual que la ausencia de nuevos catalizadores estructurales.
Hasta que los mercados puedan absorber el tamaño requerido, cubrir los riesgos de forma eficaz y permitir salidas limpias, el nuevo capital permanecerá prudentemente al margen. La ecuación que la industria debe resolver, por tanto, va más allá de simples fluctuaciones: es la liquidez, no la narrativa, la que determinará cuándo las instituciones podrán finalmente actuar en la medida de su apetito.
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Más allá de la volatilidad: por qué la liquidez sigue siendo el tema central para las criptomonedas según Auros
Los mercados cripto se enfrentan a un obstáculo estructural mucho más grave que la volatilidad: la escasez crónica de liquidez. Esta es la conclusión a la que llegó Jason Atkins, director comercial en Auros, especialista en creación de mercados cripto, quien analiza los verdaderos obstáculos para la expansión institucional en el sector.
Contrariamente a la idea generalizada de que la volatilidad aleja a los grandes inversores, Auros descubre que el problema está en otro lado. “No puedes simplemente decir que el capital institucional quiere entrar si no tienes un camino para que lo hagan”, dice Atkins. La pregunta fundamental es: ¿tienen los mercados suficiente profundidad para absorber los flujos que Wall Street quiere desplegar?
El déficit de liquidez ralentiza la llegada institucional
Durante meses, la industria ha estado alabando la creciente demanda institucional. Sin embargo, una observación recurrente surge bajo los titulares: los recursos líquidos disponibles son estructuralmente insuficientes para permitir que las grandes instituciones intervengan a su escala habitual sin desestabilizar los precios.
Según Auros, los acontecimientos recientes no son las únicas razones de esta escasez. Los principales ciclos de delirio—de los cuales el crash del 10 de octubre sigue siendo un ejemplo destacado—han expulsado a los traders y al apalancamiento del sistema más rápido de lo que pueden volver a hacerlo. Los proveedores de liquidez, como los creadores de mercado de Auros, reaccionan a la demanda en lugar de crearla activamente. Como resultado, un descenso natural en el trading conduce automáticamente a una reducción en la asunción de riesgos y la profundidad del mercado.
Una espiral auto-perpetuada de iliquidez y volatilidad
Esta dinámica genera un ciclo pernicioso. Reducir la profundidad provoca más volatilidad. Esta volatilidad provoca controles de riesgo más estrictos, lo que a su vez provoca una mayor retirada de liquidez. “El problema surge cuando la volatilidad choca con mercados ilíquidos”, dice Atkins. En estos mercados, cubrir una posición se vuelve complejo y liquidarla es aún más complicado.
Esta espiral autosustentable plantea un desafío estructural que, según Auros, las instituciones no pueden resolver solas. Mientras los mercados sigan siendo ilíquidos, las grandes estructuras no tienen garantía natural para estabilizar los precios en caso de tensión. El interés institucional persiste, pero sin las condiciones de liquidez requeridas, este interés permanece paralizado.
Por qué los mandatos institucionales requieren una liquidez robusta
El meollo del problema radica en la naturaleza de los mandatos que gestionan las grandes instituciones. A diferencia de los traders minoristas, que pueden tolerar ciertos riesgos de liquidez, los grandes asignadores operan bajo estrictas restricciones de preservación de capital.
“Cuando tienes tanta riqueza, o si eres un actor institucional importante, no es cuestión de ‘puedes maximizar los rendimientos’. Se trata de ‘¿puedes maximizar el rendimiento mientras se conserva el capital?’”, dice Atkins. Esta distinción transforma completamente el cálculo del riesgo. Las instituciones simplemente no pueden aceptar las condiciones actuales del mercado, donde una posición difícil de cubrir equivale a un riesgo inaceptable.
Más allá del debate volatilidad-liquidez: una fase de consolidación
Auros observa que la industria cripto está cruzando un umbral diferente. Lejos de estar en una fase de crecimiento caótico, está entrando en un periodo de consolidación. “La innovación financiera ya no es tan dinámica”, señala Atkins. Los fundamentos básicos del protocolo —Uniswap y AMMs como ejemplos— ya no representan novaciones.
Lo que la criptomoneda está experimentando ahora parece un “momento LLM”. El sector no carece de interés a largo plazo, sino que debe generar nuevas estructuras capaces de generar un compromiso sostenible. Sin una innovación sustancial que atraiga nuevo capital, la escasez de liquidez persiste sobre todo, al igual que la ausencia de nuevos catalizadores estructurales.
Hasta que los mercados puedan absorber el tamaño requerido, cubrir los riesgos de forma eficaz y permitir salidas limpias, el nuevo capital permanecerá prudentemente al margen. La ecuación que la industria debe resolver, por tanto, va más allá de simples fluctuaciones: es la liquidez, no la narrativa, la que determinará cuándo las instituciones podrán finalmente actuar en la medida de su apetito.