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Las stablecoins como motor de la transformación del sistema bancario: por qué la competencia es exactamente lo que se necesita
¿Cuándo se consideró por primera vez en serio a las stablecoins como el futuro del dinero, especialmente después del anuncio de Facebook sobre el proyecto Libra en 2019, el sector financiero fue invadido por una ola de miedo existencial? La narrativa de entonces era simple: si las personas pueden mantener en su teléfono un dólar digital respaldado por activos sólidos, ¿para qué necesitan los bancos tradicionales con sus comisiones y tasas cero? La fuga de depósitos parecía inevitable. Pero investigaciones recientes, especialmente el análisis del profesor Will Kong de la Universidad de Cornell, muestran una conclusión paradójica: las stablecoins no destruyeron los depósitos bancarios, sino que cambiaron la naturaleza misma de la competencia bancaria.
Por qué la “resistencia de los depósitos” resultó ser más fuerte que un ataque tecnológico
El modelo bancario tradicional funciona como una red, donde la cuenta corriente se convierte en un nodo central. Los créditos, salarios, cuentas, seguros — todo está conectado en un sistema único. Sin embargo, esta interconexión no existe porque los clientes elijan esa forma, sino porque transferir todas las operaciones financieras de un lugar a otro es un proceso complejo y costoso. A esta propiedad los científicos la llaman “resistencia” de los depósitos.
La investigación de Cornell mostró que, a pesar del rápido crecimiento de la capitalización de las stablecoins, los datos empíricos indican una relación mínima entre la aparición de monedas digitales y la salida real de depósitos tradicionales. Resultó que para las personas, tener todo en un solo lugar es mucho más importante que obtener unos puntos básicos más en intereses. Por lo tanto, las predicciones de un “colapso masivo” del sistema bancario resultaron ser principalmente una reacción de pánico.
Pero aquí empieza la verdadera historia.
La competencia como catalizador: cómo las stablecoins obligan a los bancos a innovar
Que las stablecoins no hayan causado un pequeño quiebre en el sistema bancario no significa que sean inofensivas para los bancos. Al contrario, su presencia misma se convirtió en un potente factor de disciplina. Cuando los bancos enfrentaron competencia real, ya no pudieron confiar en la inercia de sus clientes.
Investigaciones de Cornell indican un hallazgo interesante: la existencia de alternativas en forma de stablecoins obliga a las instituciones financieras tradicionales a subir las tasas de depósito, optimizar sus sistemas operativos y, en general, hacer sus ofertas más atractivas. Esto no reduce el “trozo del pastel”, sino que amplía el ámbito de la intermediación financiera y aumenta la eficiencia del sistema en su conjunto.
Lo más interesante es que las stablecoins no pretenden reemplazar a los bancos. Son una herramienta que amplía las capacidades donde los bancos ya tienen experiencia. El resultado: en lugar de competir para destruir, surge una competencia por mejorar.
Por qué las stablecoins no provocaron el colapso previsto de los depósitos
Cuando en 2019 comenzaron los debates sobre Libra, los expertos especulaban: ¿qué pasará con los depósitos si las personas pueden transferirlos las 24 horas sin retrasos? La investigación exhaustiva de Cornell mostró que nada cambió. La gente permaneció en sus bancos, no porque desconocieran las alternativas, sino porque el costo de cambiar a stablecoins resultó ser mayor que las posibles ganancias.
El dinero permanece en las cuentas corrientes no por limitaciones técnicas, sino por racionalidad económica. Este fenómeno es precisamente lo que la teoría de la “resistencia de los depósitos” comunica: cuando todo está configurado en un sistema, salir cuesta caro y lleva tiempo.
Pero lo fundamental es que la ausencia de una salida masiva no significa que a los bancos no les hagan falta cambios.
Cómo la regulación institucionaliza la competencia de las stablecoins
El momento clave fue la ley GENIUS, que EE. UU. aprobó en julio de 2025 y que el presidente Donald Trump firmó el 18 de julio. Esta ley estableció requisitos claros: cada stablecoin debe estar respaldada al 100% por efectivo, bonos a corto plazo de EE. UU. o depósitos asegurados.
A simple vista, parece solo otro documento regulatorio. En realidad, es la institucionalización de la competencia. La ley GENIUS hace que las stablecoins sean legales y previsibles, y paradójicamente, esto las hace más competitivas que en la sombra.
Investigaciones de Cornell indican que estos requisitos regulatorios (reserva completa, derecho a recompra) cubren riesgos principales, incluyendo los llamados “riesgos de corrida” y de liquidez. Estos mecanismos llevan mucho tiempo funcionando en la ingeniería financiera tradicional; solo falta aplicarlos correctamente a esta nueva forma tecnológica.
La Reserva Federal y la Oficina del Controlador de Monedas (OCC) tienen la tarea de desarrollar reglas específicas. Su papel será gestionar riesgos operativos, cuestiones de seguridad en la custodia y la integración de stablecoins con sistemas blockchain.
La verdadera revolución: rediseñar la infraestructura de pagos
Hasta ahora, el debate se centraba en los miedos. Pero cuando dejas de pensar en “quién gana”, el panorama se aclara. La verdadera revolución de las stablecoins no está en su disponibilidad 24/7 (que es solo una estrategia de marketing), sino en un modo fundamentalmente nuevo de realizar pagos.
El sistema tradicional de pagos internacionales se basa en una cadena de intermediarios. El dinero puede tardar días en “viajar” a través de bancos corresponsales antes de llegar a la cuenta destino. Es costoso, lento e ineficiente. Las stablecoins resuelven este problema con un lenguaje sencillo: transferencia instantánea, una sola transacción en blockchain, definitiva e irrevocable.
Las implicaciones para la liquidez global son enormes. El dinero ya no se “atrapa” en colas de intermediarios. Puede transformarse instantáneamente entre jurisdicciones, liberando liquidez que tradicionalmente permanecía congelada.
Para los mercados locales, esto significa soluciones de pago más baratas. Para los bancos, una oportunidad rara de modernizar su infraestructura de compensación, que durante años funcionó con COBOL y sistemas obsoletos.
El dólar como plataforma: cómo EE. UU. puede liderar en competencia digital
Finalmente, EE. UU. enfrenta una decisión estratégica. El dólar sigue siendo el activo financiero más popular del planeta, pero la base tecnológica que lo respalda está claramente obsoleta. Si EE. UU. no lidera la modernización del dólar a través de las stablecoins, el futuro de las monedas digitales será creado por jurisdicciones offshore.
La ley GENIUS no es solo una herramienta regulatoria. Es un juego geoestratégico. Permite a EE. UU.:
Es, en esencia, una actualización del propio dólar: de una moneda estática a una plataforma dinámica.
Lecciones de otras industrias: la adaptación como supervivencia
Cuando la industria musical vio por primera vez Napster y otros servicios de distribución digital, no bailó de alegría de inmediato. La industria resistió, litigó, entró en callejones sin salida. Pero finalmente, las discográficas entendieron: el streaming no es un enemigo, sino una evolución del formato. Ahora, el streaming genera más ingresos que la industria física en declive.
Los bancos hacen lo mismo. Resisten el cambio, intentan ralentizar la adaptación. Pero la lógica y los hechos apuntan a que, cuando entiendan cómo ganar dinero con la velocidad en lugar de con retrasos, aprenderán a aceptar las stablecoins como parte de su ecosistema.
Conclusión: de la competencia a la colaboración
El paradoja de las stablecoins es que no se convirtieron en una amenaza mortal para el sistema bancario. En lugar de eso, se convirtieron en un mecanismo de disciplina que obliga a las instituciones tradicionales a evolucionar más rápido. Datos de Cornell indican que los depósitos permanecieron, pero la competencia eligió a los bancos dispuestos a aprender.
Las stablecoins no reemplazarán a los bancos. Pero redefinirán qué bancos sobrevivirán y cómo operarán. Y esta historia no es sobre la muerte del sistema, sino sobre su rápida modernización.