La prisa es una energía negativa muy poderosa, en cierto modo incluso una especie de "enfermedad".


Las personas impacientes parecen siempre como un resorte demasiado apretado, haciendo las cosas con la esperanza de obtener resultados inmediatos, prefiriendo que todo sea perfecto desde el primer intento.
Pero una vez que las cosas no salen como esperaban, caen en la frustración, la ansiedad e incluso empiezan a dudar de sí mismos. El resultado es que este estado de impaciencia no solo no te ayuda a crecer más rápido, sino que también provoca errores frecuentes.
Las malas emociones que surgen de ello te envuelven y afectan a las personas a tu alrededor. Cuanto más intentas aferrarte a algo, más fácil es que lo pierdas.
Así es con las personas, las cosas y también con el dinero.
Piensa en el agua: fluye con naturalidad, pero puede ser invencible; el agua no compite por adelantarse, sino que busca fluir sin cesar.
Aprender a tomarse las cosas con calma en realidad es una habilidad muy rara y extremadamente importante. No te preocupes por obtener resultados en las cosas pequeñas, ni te apresures a tomar decisiones en las grandes. La prisa no lleva a ninguna parte.
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