Bitcoin enfrenta su mayor ola de salidas de capital desde 2022, reflejando un cambio más amplio en el sentimiento de los inversores. En el último mes, el activo ha caído hasta un 27% antes de estabilizarse cerca del nivel de $68,000. Solo en las últimas dos semanas, Bitcoin ha disminuido aproximadamente un 12%, marcando su cuarta semana consecutiva de pérdidas. La retirada coincide con un tono claro de “evitar riesgos” en los mercados globales, donde los inversores están reduciendo la exposición a activos volátiles en medio de una creciente incertidumbre macroeconómica y geopolítica.
Una de las señales más claras de este cambio ha sido la salida semanal de $360 millones en fondos de ETFs de Bitcoin al contado listados en EE. UU. Estos productos, que alguna vez se vieron como un canal estable para las entradas institucionales, ahora reflejan cautela en lugar de acumulación. En los últimos meses, Bitcoin ha cotizado en estrecha correlación con las acciones tecnológicas de alto crecimiento en EE. UU. Sin embargo, esta semana reveló una divergencia notable: mientras las acciones se recuperaron de las pérdidas iniciales, Bitcoin no lo hizo, lo que sugiere que los inversores en criptomonedas están adoptando una postura más defensiva que los operadores tradicionales de acciones.
Los analistas atribuyen la debilidad a una combinación de incertidumbre macro y la escalada de tensiones geopolíticas, incluyendo desarrollos relacionados con Irán que han aumentado las preocupaciones sobre la estabilidad global. Cuando aumenta la incertidumbre, el capital suele rotar hacia activos más seguros como el dólar estadounidense, bonos o oro, dejando activos sensibles al riesgo como Bitcoin bajo presión. Las salidas recientes no necesariamente indican una ruptura estructural, pero sí resaltan un sentimiento frágil. Para que Bitcoin recupere impulso, los mercados pueden necesitar una dirección macro más clara, aliviar las tensiones geopolíticas o una renovada entrada institucional para cambiar la narrativa hacia una mayor apetencia por el riesgo y acumulación a largo plazo.
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#BiggestCryptoOutflowsSince2022
Bitcoin enfrenta su mayor ola de salidas de capital desde 2022, reflejando un cambio más amplio en el sentimiento de los inversores. En el último mes, el activo ha caído hasta un 27% antes de estabilizarse cerca del nivel de $68,000. Solo en las últimas dos semanas, Bitcoin ha disminuido aproximadamente un 12%, marcando su cuarta semana consecutiva de pérdidas. La retirada coincide con un tono claro de “evitar riesgos” en los mercados globales, donde los inversores están reduciendo la exposición a activos volátiles en medio de una creciente incertidumbre macroeconómica y geopolítica.
Una de las señales más claras de este cambio ha sido la salida semanal de $360 millones en fondos de ETFs de Bitcoin al contado listados en EE. UU. Estos productos, que alguna vez se vieron como un canal estable para las entradas institucionales, ahora reflejan cautela en lugar de acumulación. En los últimos meses, Bitcoin ha cotizado en estrecha correlación con las acciones tecnológicas de alto crecimiento en EE. UU. Sin embargo, esta semana reveló una divergencia notable: mientras las acciones se recuperaron de las pérdidas iniciales, Bitcoin no lo hizo, lo que sugiere que los inversores en criptomonedas están adoptando una postura más defensiva que los operadores tradicionales de acciones.
Los analistas atribuyen la debilidad a una combinación de incertidumbre macro y la escalada de tensiones geopolíticas, incluyendo desarrollos relacionados con Irán que han aumentado las preocupaciones sobre la estabilidad global. Cuando aumenta la incertidumbre, el capital suele rotar hacia activos más seguros como el dólar estadounidense, bonos o oro, dejando activos sensibles al riesgo como Bitcoin bajo presión. Las salidas recientes no necesariamente indican una ruptura estructural, pero sí resaltan un sentimiento frágil. Para que Bitcoin recupere impulso, los mercados pueden necesitar una dirección macro más clara, aliviar las tensiones geopolíticas o una renovada entrada institucional para cambiar la narrativa hacia una mayor apetencia por el riesgo y acumulación a largo plazo.